Ética de los negocios en tiempos de crisis

Ética de los negocios en tiempos de crisis

José Francisco Araya

Asesor estratégico

 

“…y sobre todo se os exigirá mostrar las señas del amor

y ay de quien las hubiere perdido o empeñado,

le será retirado el corazón

y le será borrado de los ojos lo humano.”

Jorge Debravo

 

En un contexto de crisis como el que ha generado la pandemia de la gripe COVID-19, es normal que las emociones de los individuos y las sociedades suban a flor de piel.  La incertidumbre por el futuro económico, la probabilidad del contagio y hasta el temor a la muerte, desnudan esa faceta emocional y terminan revelando lo mejor y lo peor de las personas y los conglomerados sociales.

De la noche a la mañana nos volvimos más perceptivos y sensibles, pero también más críticos y desconfiados. El comportamiento individual y social han oscilado como un péndulo entre la solidaridad y el egoísmo, entre la comprensión y la sospecha, entre el miedo a lo desconocido y la protección férrea de lo que tenemos o amamos.

Hoy, más que nunca, estamos inmersos en una dinámica de transformación social cuyo desenlace es todavía poco predecible. “El monstruo del cambio”[1] llama Jeannie Daniel Duck a ese fenómeno de emociones humanas y dinámicas sociales, tan complejas que con frecuencia asustan, pero que requieren ser gestionadas para llevarlas a buen puerto.

Esta misma dinámica hace que el ojo social escudriñe, con más detalle del habitual, la actuación de las empresas y organizaciones en un contexto de crisis, con el agravante de que ellas no están ajenas al mismo vaivén de emociones que mueve a las personas.

Esa es la razón por la cual el comportamiento ético, a la hora de hacer negocios en un contexto de crisis, se convierte en un factor muy relevante para blindar la reputación corporativa ante los efectos y riesgos de un entorno convulso.

Los directores, CEOs y gerentes de las organizaciones están llamados a tener la claridad para discernir -en medio del “pensar y actuar rápido” que impone una situación cambiante-, cuáles son las oportunidades de negocio surgidas de la crisis y cual es la  manera correcta de tomarlas, para  apuntalar la posición de la empresa sin aprovecharse unilateralmente de las vulnerabilidades que puedan estar afectando a la sociedad o a determinados grupos de interés, llámense colaboradores, clientes, proveedores o comunidad.

Mientras gobiernos y organismos mundiales buscan buscar soluciones para minimizar los impactos económicos de la pandemia, y mientras los ciudadanos se sienten atrapados, víctimas de una situación no deseada, resultaría contraproducente para la reputación de una empresa u organización tomar ventaja de esas oportunidades sin generar un componente de beneficio para la sociedad, o para alguno de sus grupos de interés.

Como bien dice Thomas Clark en su artículo Ética, valores y gobierno corporativo [2] , “la transparencia y la responsabilidad de la empresa comercial se ven constantemente cuestionadas”, por lo cual “el equilibrio entre la búsqueda de oportunidades del mercado, y el mantenimiento de la accountability y la integridad éticas ha demostrado ser un reto determinante”.

En efecto, pasada la tormenta, la reputación corporativa será puesta a prueba, cuando el comportamiento de todos los actores sociales sea sometido al escrutinio público y a la reflexión sobre las lecciones aprendidas en esta crisis pandémica.

Entonces irá quedando quién claro quién colaboró, en una relación ética de ganar-ganar, y quién se aprovechó de las necesidades de otros, o tomó las oportunidades sin ofrecer nada a cambio. Y saldrán airosas las organizaciones que hayan mantenido un comportamiento acorde con su responsabilidades y con las expectativas de sus públicos de interés, basado fundamentalmente en la transparencia, en la ética a la hora de hacer negocios y en la sinceridad de sus propuestas y actuaciones.

[1] Daniel, Jeanie. “El monstruo del cambio”, Barcelona, Ediciones Urano, 2002.

[2] Clarke, T., «Ética, valores y gobierno corporativo», en Valores y Ética para el siglo XXI, Madrid, BBVA, 2011.