Plan fiscal: una cuestión de imagen

 

Escrito por Marcela Muñoz

Las y los costarricenses estamos afrontando un gran reto que definirá el tipo de país que será Costa Rica en el futuro. En los últimos meses, el manejo de las finanzas públicas ha estado en la agenda legislativa, en la mediática y también en la de las personas de “a pie”.  El bus, el chat o la reunión familiar se han convertido en escenarios más que ideales para que una buena parte de los costarricenses se enteren, opinen y debatan sobre sus posiciones ante el controversial Plan Fiscal.

En general, la mayoría de los habitantes del país tenemos una posición a favor o en contra de la Ley de Fortalecimiento de las Finanzas Públicas y, por tanto, apoyamos a uno o a otro bando.

El fondo de la citada Ley es poco o nada conocido por los ciudadanos comunes y corrientes y nos hemos concentrado más en los empujones e insultos al Presidente de la República, las declaraciones de ilegalidad de la huelga, las incitaciones de los sindicalistas y los persistentes bloqueos en medio de la lluvia causada por el más reciente sistema de baja presión. Parece ser, entonces, que el ruido generado por ambas partes involucradas, así como por los medios de comunicación y las redes sociales, es mucho más fuerte que los mensajes que se han querido posicionar.

Desde el punto de vista de la comunicación, este es un escenario rico para hacer análisis y, al final, descubrir de qué lado se inclina la balanza, más allá de lo que pase en el Plenario y en el Poder Judicial. La imagen y la reputación de cada uno de los actores que han participado en este movimiento está sobre la mesa y ninguno quiere salir perdiendo, pues el contar con el apoyo de las opiniones populares les facilitará o dificultará su papel para los casi cuatro años que le quedan a la presente Administración.

Para los sindicatos, el gobierno ha sido prepotente y se ha negado al diálogo; para este, los representantes de los trabajadores quieren patear la bola para adelante y no han logrado entender la urgencia de la aprobación de la Ley. La ciudadanía está en medio y, con cada uno de los hechos asociados a la situación actual, se forma un criterio favorable o adverso a hacia los actores.

Aún no sabemos cuál será el resultado final, pero esperamos un ganador y, por lo tanto, un perdedor. Ambos tendrán que operar después de esta crisis, en una sociedad cada vez más polarizada, para posicionarse y fortalecer su discurso o reinventarse y dar paso a una nueva forma de hacer las cosas.

Más allá de las noticias falsas, de las teorías de conspiración y de los supuestos montajes, los costarricenses debemos saber que no todo lo que brilla es oro. ¿Quién tendrá la mejor reputación? ¿Quién deberá salirse de su zona de confort y redefinir su mensaje?

Solo una forma tenemos de separar la paja del trigo y es tomándonos el trabajo de informarnos, por medio de las fuentes que nos parezcan más confiables y contrastando las opiniones de analistas externos e incluso de los mismos involucrados.

Le invito a que más allá del destino de la Ley, analice usted en qué panorama continuaremos luego de esta coyuntura para asumir otros retos país que también debemos sacar adelante. Ponga atención a los mensajes que luchan por colocarse en la mente de los costarricenses y si usted desea manejar su imagen pública o la de su empresa / organización, tome en cuenta que en este tipo de confrontaciones el que gana es el que logra colocar sus ideas en las redes, en los medios y en boca de la ciudadanía. Asista a entrenamientos de voceros, estudie sobre el posicionamiento de los mensajes, conozca a los periodistas pero también a los influencers. La selección natural no valora ya solo al más veloz o al más inteligente, a estos los supera el mejor comunicador. Practique para ser uno de ellos.